2 de junio de 2019

Prusten

En medio de las llamas de la casa abandonada, se escondía un tesoro que estaba por fallecer si no fuera por la fiera de la nieve.
Sin temor, la bestia se acercó al incendio porque escuchaba los débiles respiros que estaban apagándose. Llevó a la pequeñura a su refugio, lejos de la civilización que se auto-amedentraba por su fuerza.

Ella estaba protegida con aquella criatura de la blanca nieve, que le alimentaba y daba calor.

Creció en cuatro años, sin saber pronunciar palabra alguna; completamente salvaje ante la mirada de aquel hombre que la encontró. Al intentar interceptarla, su cuidador intentó protegerla solo para luego recibir un fuego que le atravesó el corazón. Miró a su niña que la alejaban y suspiró un amargo silencio.

¿Qué harán con el tesoro que una vez ignoraron?




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