-Mientras sigas persiguiendo el color, más te hundirás en la espesa oscuridad. Sería mejor que no continúes evitando las líneas, ellas son las únicas que te permitirán encontrar un curso. Y si tanto temes la adversidad, ¿por qué estás presente ahora?
-No puedo marcharme aún.
-¿No quisieras?
-No lo sé, prefiero no pensar en eso, pero ¿cómo hago para avanzar?
-Mira el camino que has hecho antes de continuar. ¿Lo recuerdas? ¿Lo puedes ver?
Matorrales donde se escondía, poco visibles. Un cable colgado, sin forma alguna. Filosas hojas enterradas. Mustios ropajes. Cadenas rotas guardadas en bolsos. Piedras en los bolsillos.
-Nada me sirve para avanzar.
-¿Qué harás ahora?
-Cavar otra vez.
-¿Por qué?
-Es hora de buscar algo que no recuerdo qué es.
Uñas rotas. Agua que forma barro. Sudor y hastío.
-¿Para qué te esfuerzas tanto?
-Es la única forma que me queda.
Agua limpia.
-¿Se podrá tomar?
-No lo sé, pero probaré. Tal vez pueda...
Con tanto cansancio, se cae. Olvidó nadar. Y ya no estaba aquel espejo.
Burbujas incesantes, visión borrosa. Ojos que se cierran.
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