Un resplandor verdoso se manifestaba en una habitación deteriorada, con un colchón totalmente partido a la mitad, con focos destruidos y con un espejo roto lleno de polvo.
En las cicatrices aún se sentía ardor y un frío extremo. Con total aflicción, se arrodilló ante una abertura de la pared a extraer una caja de madera intacta: papeles y objetos diversos guardados.
Sus manos temblorosas sostenían el órgano blanco mármol palpitante que fue resguardado hace muchos años, incapaz de mantenerlo dentro de su cuerpo malherido. Latía a destiempo. Dolía en el pecho. No sabía si servía. No sabía si lo utilizaría.
Un cuaderno grueso con miles de recuerdos escritos y visuales. Una tecla de piano encontrada en un hueco del brazo. Cuerdas que rodeaban todo el escenario y al ser que visitaba el cuarto semi-abandonado. Grietas en la piel por el esfuerzo sobrehumano de librarse.
¿Quién sostendrá las cuerdas esta vez? ¿Alguien las cortará o se cercenará su estructura vital?
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