21 de junio de 2015

Retrato de un corazón roto

Escribí sobre ella millones de versos y rimas para declararle mis sentimientos. Creo que no lo hice bien: ella me dejó por otro humano que ni la quiere. Sólo le interesa su belleza fugaz; mientras yo me muero por abrazar su atormentada alma. ¿Qué hice mal? 
Quizá debería venderme ante ese cruel maltrato de lo vano y superficial. Pero, yo no quiero. Sólo la quiero a ella. ¿Por qué no deja que la bese? 
Si tan solo descubriera la manera de poder darle mi dulce melodía en mi palpitar cada vez que la veo, la escucho, la siento... No creo encontrar una forma más tierna de poder atrapar su corazón. Ella ya tiene el mío; sin embargo, necesito que alguien me de el suyo.
Nadie puede vivir sin un corazón, y ella tiene el mío para sobrevivir; ¡cómo lo malgasta con ese vago! ¡Qué desperdicio he hecho!
Aquella es una mujer despreciable. ¿Cómo pudo corromperme de esa manera? Si tan solo hubiese sabido que no me querría. Soy un iluso. Un perdedor. ¿Qué debo hacer?
Siento en demasía la furia carcomer toda la simpatía que tenía. La empatía, ya no queda nada. Andate. Yo ya no quiero nada de nadie. 
Me quedé sin un corazón para amar, sin una gota de gracia para reír. No quiero darte lástima. Entendí que uno debe jactarse de las ilusiones y adaptarse a la irónica realidad de la vanidad y superficialidad de lo que acontece últimamente.
Yo me rendí ante todo.
Atte, el muchacho de ojos tristes.


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